
Se trata de una historia auténticamente "ecológica" (aunque su autor original, Horacio Quiroga, sin duda uno de los máximos cuentistas argentinos, nunca utilizó esa palabra en el sentido actual), en la que un grupo de Yacarés defienden su hábitat natural de la invasión del ser humano, que los priva de comida.
La adaptación mantiene la acción del texto original, alivianando solamente ciertos elementos, agregando humor y subrayando algunos asuntos de gran actualidad. Los temas musicales dan potencia y poesía a la anécdota.
Los Yacarés viven tranquilos en un paraje que nunca había pisado el hombre, hasta que un barco conducido por un autoritario oficial, comienza a pasar ahuyentando los peces que conforman su alimento. Luego de consultar al viejo Yacaré, que les explica qué cosa es ese vapor que surca las aguas, deciden realizar un dique que detenga el paso del buque y de esa manera salvarse de morir de hambre. El barco comercial deviene en acorazado y derriba el dique a cañonazos. Los animales, llevados por la desesperación deciden construir un dique más grande y más fuerte aún:
Cuando parece que todo se pierde
que el sol se oscurece, que el río se duerme...
Cuando las plantas se esconden y apagan,
y el canto del bosque se aleja del agua...
Un dique!
a todo esto pongamos...
un dique!
Sin embargo, gracias a la fuerza de las bombas, también es derribado el segundo dique. Y en el momento en que la desazón parece ganarlo todo, surge la salida inesperada y comienza la verdadera "guerra de los Yacarés". El final otorga una salida positiva a pesar de la crudeza de la acción y encuentra en la mancomunión el camino para superar los problemas más profundos:
A la prepotencia, al «miro a otro lado»,
al sueño imposible, y al sueño olvidado,
al miedo a la vida, al «nada me importa»,
al son de conquista, y al «todo se compra».
Un dique!
A todo esto pongamos...
un dique!
Un dique!
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